El Secreto que marcará un Antes y un Después en tu Creatividad

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No sé si te ha ocurrido alguna vez, que empiezas a divagar pensando en todo lo que podrías hacer en tu vida. “Podría ser escritora, podría viajar por Europa, ¿y si me compro un caniche y empiezo a criarlos? Hmm… No hay fábrica de pastas en mi barrio, ¿será un buen negocio”. Estoy segura de que sabes de qué estoy hablando, ya que cuando la mente habla, es fácil reconocerlo.

De todos modos, cuando oyes un ruido o miras el reloj, pareciera que tu cerebro da un vuelco y empieza a ordenarte lo que debes hacer. Ahí es cuando comienza la parte de: “Dejemos de soñar y empecemos a trabajar. Hoy tenemos que ir al gimnasio, terminar el trabajo que se entrega a la tarde, llevar a los niños a la escuela…”.

 

¿Qué piensas si te digo que puedes controlar los dos tipos de pensamiento para tu provecho?

 

Así es, el psicólogo estadounidense Joy Paul Guilford descubrió a comienzos de los años 70’s que existen dos formas distintas de pensamiento a la hora de ponerse en marcha para  resolver un problema.

La primera forma de pensar de la que hablamos se llama: pensamiento divergente, simplemente porque expande tus ideas y genera en tu mente un abanico de posibilidades con todo lo que puedes hacer de tu vida, o bien, para resolver un problema. La segunda forma de pensar es el pensamiento convergente, ya que es el momento en que te pones a reunir todo el material que tienes para hacer una lista y llevarlo a cabo.

 

 ¿Cómo usar el pensamiento divergente y convergente para aumentar mi creatividad?

 

Ahora bien, en términos de creatividad, la gente considera “creativas” a las personas en cuyas vidas predomina el pensamiento divergente. Pero, ¿tu quieres ser un soñador simplemente? ¿O quieres hacer realidad tus sueños?

El pensamiento convergente es necesario, ya que es el que nos ayuda a focalizar y terminar las cosas que empezamos. Si tienes la idea de hacer un cuadro, pero siempre que vas al centro de tu ciudad olvidas comprar lienzos y un pincel más pequeño para hacer esas líneas finas que se te han ocurrido y se convertirán en tu marca personal… Hay dos opciones: nunca harás el cuadro, o bien, no te quedará como lo habías pensado. Ese es exactamente el tipo de problema que surge cuando el pensamiento convergente no acompaña a un fluido pensamiento divergente.

Entonces, ¿cómo hacer para tener una creatividad sin límites?

Aprendiendo a controlar estos dos tipos de pensamiento de forma separada e independiente.

Puedes encontrar tu propia forma de hacerlo, pero yo te comentaré las dos formas que me han resultado más efectivas.

  1. Utiliza un cuaderno sin renglones, con hojas de colores o post-it’s en una pizarra, o bien, una pizarra para tomar nota de tus ideas mientras fluye el pensamiento divergente. Cuando termines y sientas que “estás lleno” con lo que has obtenido, trata de pasar estas ideas a un texto limpio, pulido o una lista de cosas que debes hacer o conseguir, en un archivo en tu ordenador o en un cuaderno a rayas.
  2. Otra forma de controlar un pensamiento y el otro es volviendo un hábito el hecho de controlar el tiempo que le dedicas a cada uno. En general, para el pensamiento divergente necesitas relajarte, para que no se agolpen las ideas. Así que, tómate unos 2 minutos para relajarte y luego dedícale 10 minutos al pensamiento divergente. Cuando suene el cronómetro, ponte a trabajar en tus ideas enfocado, en tandas de 15 minutos, con descansos para ser más productivo.
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